La causa profunda de la escisión del PNV: el fracaso del Estatuto como apuesta del PNV y como legitimador del Estado español en Euskadi
reproduce el texto del capítulo 7 del libro de Justo de la Cueva La escisión del PNV. EA, HB, ETA y la deslegitimación del Estado español en Euskadi Sur, Txalaparta, Bilbao, 1988.Digitalizado por ARGALA TALDEA para la RED VASCA ROJA.
7.6. Las reacciones al cese de Garaikoetxea.
Hemos subrayado anteriormente que durante todo el proceso del postfranquismo el PNV tiene que luchar continuamente de forma simultánea en dos frentes: el frente del Estado español y el frente interior del nuevo nacionalismo vasco de izquierda del que ETA es la punta de lanza. Para entender cómo la escisión del PNV, que es ya un hecho en diciembre de 1984, madura, cuaja y explosiona en 1986 es imprescindible atender a cómo se recibe en esos dos frentes la tríada de acontecimientos compuesta por el cese de Garaikoetxea, el nombramiento de Ardanza y el Pacto de Legislatura firmado por el Gobierno Vasco y el PSOE.
Conviene que, para hacerlo seriamente, repasemos antes la cronología de los acontecimientos:
Diciembre 1984
19.- La Asamblea Nacionaal del PNV destituye a Carlos Garaikoetxea.
21.- El PNV elige a Ardanza como candidato para el cargo de lehendakari.
23.- Ardanza se entrevista con Txiki Benegas.
25.- Ardanza y el presidente del EBB Sudupe se entrevistan con Felipe González en Madrid.
Enero 1985
5.- La Asamblea Regional de Guipúzcoa del PNV retira su confianza al GBB (la ejecutiva regional de la que forma parte Sudupe, presidente del EBB).
9.- Viaje secreto de Ardanza a Madrid donde celebra conversaciones con el PSOE sobre un acuerdo previo a su elección en el Parlamento.
11.- Ardanza informa al EBB y a Garaikoetxea de sus contactos en Madrid.
17.- Arzalluz almuerza en Madrid con los diez embajadores de la Comunidad Económica Europea, que lo encontraron "claro y sin voluntad secesionista".
19.- Ardanza, Mitxel Unzueta (representando al EBB) y Eugenio Ibarzabal, por el futuro Gobierno Vasco del PNV y Benegas y Eguiagaray por el PSE-PSOE ultiman el texto del acuerdo que se convertirá en pacto de Legislatura del Gobierno Vasco con el PSE-PSOE.
23.- Comienza la elección de lehendakari en el Parlamento Vasco.
24.- Ardanza es elegido lehendakari en 2ª votación por mayoría simple (34 votos). Siete parlamentarios del PNV no aplauden.
25.- Ardanza da a conocer la composición de su Gobierno.
26.- Ardanza jura en Gernika fidelidad al Rey, a la Constitución y al Estatuto.
28.- Juran sus cargos los nuevos consejeros del Gobierno Vasco. La clásica foto delante de Ajuria Enea se hace con la bandera española ondeando al fondo junto con la ikurriña.
30.- Benegas, por el PSE-PSOE, y Ardanza, por el Gobierno Vasco, firman el Pacto de Legislatura.
Febrero 1985
3.- Victoria rotunda de los "garaikoetxeistas" en las elecciones del GBB (Ejecutiva Regional del PNV en Guipúzcoa). Al dejar de pertenecer a la ejecutiva guipuzcoana Sudupe cesa también como presidente del EBB. El aparato le sustituye haciendo elegir a Insausti.
20.- Ardanza recibido en audiencia por el Rey en su primera visita oficial a Madrid.
23.- En la elección de los representantes de Vizcaya para la Asamblea nacional del PNV vencen los "oficialistas pro-Arzalluz". Pero los garaikoetxeistas lograron el 40% de los votos de la afiliación.
Veamos ahora las reacciones que en el "frente del Estado español" cosecha el PNV por el cese de Garaikoetxea.
Examinaremos con algún detalle la reacción del ABC. Porque ABC representa a la derecha dura españolista (mejor que el ultra El Alcázar) y porque ha mantenido una constante oposición a la línea de Garaikoetxea que, según el ABC, entorpece la integración del PNV en una nueva CEDA, en una nueva alianza de derecha española que englobe a los nacionalismos de derecha vasco y catalán. ABC dedica especialísima atención al cese de Garaikoetxea.
"Como ABC ha venido anticipando desde hace mese, Javier Arzalluz es el claro ganador de la crisis del PNV. Su maniobra ha sido largamente pensada y reúne todas las características de la mano de un maestro. El enfrentamiento Arzalluz-Garaikoetxea surge ya desde que se obligó al primero a abstenerse en la votación de la Constitución, cuando su voluntad era votar afirmativamente. La línea foralista y democristiana ha vencido sobre el centralismo y las veleidades socialdemócratas de Garaikoetxea".
"Con el derrumbamiento de Carlos Garaikoetxea de la Presidencia del Gobierno Vasco, el PNV ha zanjado un pleito que le mantenía a él mismo y a la política vascongada entre las luces confusas de la transición. Carlos Garaikoetxea ha sido en Ajuria Enea un testimonio de arcaísmo irritante y perturbador; irritante, por los sentimientos encontrados que suscitaba en el seno de su propio partido, y perturbador para la consolidación serena y solidaria de la autonomía vasca".
Y en otro párrafo señalaba:
"El nacionalismo derrotado ha sido el que ha prevalecido durante el tiempo de la transición y, por tanto, el que ha hecho gravísimas apuestas contra la estabilidad de la democracia española.
Hay que advertir cómo la política seguida por Garaikoetxea no sólo ha estado jalonada de estremecedores equívocos y de graves reticencias contra la unidad española; también desplegó las técnicas de la ambigüedad para obstruir y para bloquear la convergencia del nacionalismo vasco hacia un gran frente electoral de todas las fuerzas no izquierdistas".
"La caída de Garaikoetxea no sólo ha supuesto una rebaja substancial en los niveles de ambigüedad del PNV. Supone también, como el propio Arzalluz acaba de manifestar, una revisión –necesariamente desmanteladora –del esquema ideológico del nacionalismo vasco en que más componentes de ambigüedad se contenían respecto de la unidad de España. Si Garaikoetxea tiró en el 77 por una senda que conducía más a la libertad de Euskadi que a las libertades (forales) de los vascos, es lo cierto que el rumbo aquel recibió enteramente el endoso del Euskadi Buru Batzar u órgano supremo del PNV."
El editorial se titula "Garaikoetxea conspira" e incluye una peyorativa descripción de Garaikoetxea "forzado al destierro vital en un despacho gris de una oscura calle de Pamplona" y reprocharle que intente sus "intrigas" de esta guisa: "Sin pronunciar ni en la despedida el nombre de España y mientras le quedan cuatro días en Ajuria Enea…".
"… el PNV no va a ser disuelto y probablemente va a salir fortalecido de su crisis.
Lo que debilitaba al primer partido vasco era la imagen turbia que le daba la ambigüedad del "lehendakari", el hombre que durante su mandato jamás pronunció la palabra España. El político que, por motivos que quizá sólo él conoce, fue deslizándose progresivamente hacia los postulados de los batasunos, hacia los extremismos sostenidos criminalmente por el terror, arrastrando así al PNV a posiciones que jamás habían sido las suyas. El paso de Ardanza al "lehendakariato" y la reducción o encajonamiento de Garaikoeetxea, antes Garaicoechea, al banco de la paciencia en el que se sienta con el mal gesto que hoy recoge la portada de ABC, es como un trago de buen vino, como un sorbo confortador". (pag. 18)
No hemos acumulado estas citas de ABC para resaltar la tremenda cantidad de errores de hecho que contiene sobre la estructura, funcionamiento e historia del PNV (debidos a partes iguales a la espantosa ignorancia universal crónica de los periodistas españoles y a la característica deformación de los hechos que distingue a la línea editorial de ABC). Sino para que el lector tenga una visión impresionista y vívida del talante que la derecha del "frente" Estado español adopta frente al giro del PNV.
Cambio 16 coincide con ABC en acusar a Garaikoetxea de defender la abstención en el Referéndum Constitucional mientas que la fracción pro-Arzalluz, personalizada por Cambio 16 en Mitxel Unzueta, era partidaria de recomendar el voto afirmativo a las bases del PNV. (Por cierto que Cambio 16 entre la versión española "Miguel" o la vasco "Mitxel" escoge la versión cutre de "Michel"). Cambio 16 (citamos ahora su nº 687 de 28.1.1985 pags. 36/37) califica a Garaikoetxea de "nacionalista de nuevo cuño" para afirmar que es más fácil entenderse con los sectores más apegados a la doctrina nacionalista que con él. El título del reportaje es, precisamente "Pacto histórico en el País Vasco. Los más nacionalistas negocian mejor". (145)
En el número 143 de la revista Tiempo (4.2.1985) Fernando Onega dedica su sección semanal España en un puño al tema "De la Corona al laberinto Vasco" que habremos de citar luego. Pero ahora nos interesa el ladillo "Garaikoetxea-Felipe" donde se dice:
"Mientras tanto, Garikoetxea volvió a casa modestamente, en un Talbot Horizon que acababa de comprar. Deja atrás una duda histórica: saber si el aparato del PSOE fue o no decisivo en su caída. Pero hay algo cierto: fue un alivio para la Moncloa. Felipe González se entendía bien con él en el aspecto personal. Pero sólo en lo personal. "Aquí te decía una cosa y en Vitoria la contraria", recuerdan en la Presidencia. González intentó por tres veces un pacto. Y las tres veces, como Pedro, lo negó. Le ofreció ayuda para ser el gran líder del nacionalismo y medios económicos para conseguir un Ejecutivo fuerte en Euskadi. "No había nada que hacer", dicen los socialistas. "Carlos gobernaba con un ojo puesto en los hermanos de Herri Batasuna".
El gesto que rompió el vaso de Felipe fue el intento de frustrar la extradición de etarras desde Bélgica. Y algo más: el apoyo a las tesis abertzales sobre la reconversión. Perdidas todas las esperanzas, como los condenados del Dante, Felipe González le envió un mensaje a través de Ramón Jauregui: "Dile a Carlos que rectifique sus últimas declaraciones"… Ahora, Ardanza ha encendido la pipa de la paz". (146)
Pero parece que la posición del PSOE sobre la caída de Garaikoetxea es mejor calibrarla con fuentes del PSOE. En el apartado 3 de este capítulo incluímos ya una cita, especialmente reveladora y que invitamos ahora al lector a releer, de lo que en las Navidades de 1983 escribía García Damborenea calificando a Garaikoetxea de obstáculo para las soluciones y descalificándole como interlocutor eficaz. El PSE-PSOE ha lanzado en el invierno 1984-1985 una revista (Cuadernos de Alzate, Revista vasca de la cultura y de las ideas). Su director es Manuel Escudero, actualmente tan destacado militante del PSOE que el PSE-PSOE ha tenido que desistir de incluirle en la nómina del Gobierno de coalición debido a su importante papel en los órganos centrales del mundo del PSOE. (Manuel Escudero, autor de un libro muy citado aunque está completamente refutado por la investigación sociológica acumulada en los últimos diez años –Euskadi: dos comunidades, San Sebastián, Haranburu, 1978 –era el primero de los tres Responsables, con Patxi Iturrioz y Rosa Olivares, que Alberto Perez Calvo citaba en el capítulo dedicado al Movimiento Comunista de Euskadi en su libro de 1977 Los partidos políticos en el País Vasco). Cuadernos de Alzate se añade así a las revistas Leviatán y Sistema como cancha para que los intelectuales y académicos militantes o compañeros de viaje del PSOE colaboren con éste publicando. Patxo Unzueta (también colaborador de Leviatán, con fuerte influencia en la imagen que de Euskadi se hacen los españoles gracias a su corresponsalía para El País, ex etarra converso) publica en el nº 3 (1º de 1986) de Cuadernos de Alzate un artículo bajo el título: "Moderados e inmoderados en la política nacionalista vasca" que habremos de citar más adelante pero que ahora nos interesa por el fragmento que juzga a Garaikoetxea y su Gobierno. Refiriéndose a la actitud sobre el problema de ETA, dice:
"El argumento con frecuencia utilizado por los dirigentes del PNV según el cual puesto que el origen del problema es político, la solución también debe serlo es, bien una obviedad –todo es político, hasta los GAL -, bien claudicación frente a la fuerza. Claudicación que se puso de relieve, por ejemplo, con ocasión de la polémica suscitada en el verano de 1984, por la concesión de varias extradiciones de miembros de ETA exiliados en Francia. El Euskadi Buru Batzar adujo el carácter político de las motivaciones de los activistas reclamados por la justicia española para deslegitimar como represiva –por oposición a política –dicha iniciativa, que situó al mismo nivel que el arbitrismo franquista o la actividad criminal de los GAL. El Gobierno Vasco, presidido todavía por Garaikoetxea se sumó poco después, aunque con argumentos algo más matizados, a la protesta.
Estas actitudes del PNV permiten a ETA y HB alimentar la ilusión de que tras los atentados de la primera no sólo hay ultariores objetivos políticos, más o menos lejanos –sino un noble fin inmediato que los justificaría: forzar la negociación implícitamente reclamada por la mayoría de los vascos. Implícitamente puesto que la fuerza mayoritaria de Euskadi, el PNV, compartiría tanto los fines perseguidos (integración de Navarra, por ejemplo) como el deseo de acabar con la violencia mediante la negociación con quien sea (el ejército, por ejemplo)". (147)
Esta cita de Unzueta nos permite comprobar dos importantes extremos. El primero es cómo el PSOE y su entorno se obstina en negar la evidencia de que la negociación con ETA es una aspiración ampliamente mayoritaria de la población vasca. Un hombre profesionalmente dedicado a la prensa y al ámbito vasco dentro de ella como Unzueta no puede ignorar que la encuesta Gallup publicada en el nº 103 de la Revista Tiempo del 30.4.1984 arrojaba un 86% en España y un 97% en el País Vasco favorable a la Mesa por la Paz. Que la encuesta de ECO publicada en Cambio 16 nº 710 del 8.7.1985 arrojaba un 63% de vascos a favor de la negociación Gobierno central/ETA. El 23 de septiembre de 1986 La Gaceta del Norte publica una encuesta de INVESCO según la cual el 82,1% de los vascos son partidarios de negociar con ETA. Es obvio que esta última encuesta no la podía conocer Unzueta al escribir su artículo pero la citamos para que se advierta la continuidad de la inmensa mayoría favorable a la negociación entre el pueblo vasco.
En segundo lugar la cita que hemos hecho de Unzueta es útil para reflejar que posiciones características de Garaikoetxea (el carácter político del problema de ETA, la necesidad de negociar) son precisamente las que le hacían más indeseable para el PSOE y su entorno.
Pero quizá la más interesante aportación para calibrar la reacción del PSOE y de su entorno sobre la caída de Garaikoetxea sea un ensayo publicado en el nº 1 de Cuadernos de Alzate por Juan José Solozabal, titulado "Acotaciones ingenuas a una crisis política" (148).
Y ello por varias razones. La primera es que el autor sabe de qué habla cuando habla del PNV. Ya hemos citado sus tesis doctoral sobre el tema: "Industrialismo vasco y conciencia nacional. Implicaciones sociales e ideológicas del industrialismo vasco en la segunda mitad del siglo XIX". La oportunidad de la publicación en los estertores del franquismo la convirtió en fuente principal de conocimientos sobre los orígenes del PNV para los muchísimos españoles interesados por la política y a quienes la censura de Franco había hurtado toda noticia válida sobre el nacionalismo vasco.
La segunda es que Solozabal insiste en su ensayo en algo que ya había señalado en otro artículo publicado en otro número "electoral" de la revista Leviatan (el nº extraordinario monográfico Euskadi 1977-1984, publicado en febrero de 1984). Allí bajo el título "Por una alternativa cultural y política", Solozabal declaraba rotundamente que:
"Nuestra oposición al independentismo es total y no admite, por supuesto, el empleo de su fantasma como chantajeo del que obtener ventajas, juego al que a veces está dispuesto el nacionalismo estatalista".
Pero al final del artículo incluía una Nota en la que afirmaba:
"No quisiera que el inevitable carácter polémico de las páginas anteriores, dado el momento y el sentido de su publicación, ocultara a mis lectores mi profunda convicción de que la solución de lo que todavía constituye, desgraciadamente, el problema vasco, depende, fundamentalmente, de la aproximación de las posiciones de las principales fuerzas políticas. Es necesario que el nacionalismo, cultivando una corriente importante de su tradición, alcance la convicción y la transmita a sus seguidores, de que la personalidad plena de Euskadi se encuentra perfectamente asegurada en el marco estatal español, que abandone, en definitiva, el estatalimo en el horizonte de sus reclamaciones políticas, que transforme, como hemos propuesto alguna vez, su conciencia nacionalista en conciencia nacional. Es necesario que el socialismo vasco defienda con toda energía el programa de recuperación cultural de las señas de identidad específicas vasca –euskara, revitalización de la tradición autóctona de la cultura, etc –y que se esfuerce por penetrar la sociedad vasca en toda su dimensión.
Es necesario trasmitir a la totalidad el pueblo vasco, incluido su sector, tan respetable como los demás, independentista, que el sistema político es totalmente abierto y que acepta la legitimidad de la defensa de todas las tesis políticas, siempre que se realice por procedimientos pacíficos y democráticos. Es necesario, en fin, y como condición de la viabilidad de todos los anteriores procesos, que el gobierno central y la opinión pública española acepten el efectivo derecho del pueblo vasco a su autogobierno y a su realización nacional dentro del amplio marco de la Constitución y el Estatuto, de los que hay que predicar una lectura federal. Lectura que, de un lado, permita resolver, de una vez, con la mayor generosidad e inteligencia, la problemática de las transferencias y, de otro, posibilite, a través de la instrumentación de los contactos entre la Administración central y autonómica, el ejercicio de la iniciativa autonómica y la intervención de Euskadi, con las otras comunidades autónomas, en la determinación de la voluntad del Estado" (149).
Hemos reproducido la nota íntegra (salvo las referencias bibliográficas) porque se trata de la formulación más inteligente y más respetuosa con la realidad vasca de las que parten de la negación del independentismo. En el ensayo publicado en Cuadernos de Alzate el autor insiste en este planteamiento que reproduce en parte, enriqueciéndolo con algunas propuestas específicas.
La tercera razón del interés de este ensayo estriba en el trato cortés y respetuosos que hace de la figura de Garaikoetxea, harto infrecuente en el campo en que se sitúa Solozabal.
Pues bien, precisamente estas tres razones realzan la significación que tiene el que Solozabal venga a afirmar en su ensayo que Garaikoetxea suponía un obstáculo para la solución del problema vasco e incluso una fuente potencial de gravísimos problemas. Y que la nueva situación vasca que le merece la consideración de esperanzadora ha sido sólo posible por el relevo de Garaikoetxea.
¿Qué es, pues, lo que dice Solozabal?. Tras dos párrafos elogiosos para Garaikoetxea (decoro, dignidad, prestancia a las instituciones, claridad de estadista, firmeza, papel decisivo en la génesis del Estatuto y puesta en marcha del mismo, etc, son algunas de las cualidades y realizaciones que se predican del ex lehendakari) afirma:
"Al lado de este balance positivo, a cuyo servicio ha puesto una inestimable capacidad de liderazgo y una gran ambición política, hay que señalar que orientó su política en una dirección que acabó por hacer insostenible su posición respecto de su propio partido en sus relaciones con el Estado.
La afirmación de la personalidad nacional de Euskadi y la construcción del edificio institucional vasco frente y en permanente conflicto con el Estado español y a partir de la óptica exclusiva del Partido Nacionalistas Vasco o de la imagen que de la misma se hacía.
No ha habido en las relaciones con el Estado español un momento de tregua ni prácticamente un punto de acuerdo, ya se tratase de los gobiernos U.C.D. o de la Administración socialista. La obra legislativa del Parlamento Vasco ha sido objeto constante de impugnaciones ante el Tribunal Constitucional por parte del gobierno central y los conflictos de competencia entre los gobiernos central y vasco se han sucedido sin interrupción.
La distancia entre las dos concepciones autonómicas de ambos gobiernos ha sido abismal como lo mostró la polémica sobre la L.O.A.P.A.; y sus ideas sobre la terapéutica de la violencia eran radicalmente contrapuestas.
Consecuencia de todo esto han sido el atasco en el traspaso de competencias y una incomunicación tal entre la Moncloa y Aujuria Enea, que al parecer había afectado a las propias relaciones personales entre Felipe Gonzalez y Carlos Garaikoetxea.
Con todo, no era lo grave esta situación de bloqueo jurídico y político que, me apresuro a decirlo, no hay que atribuir exclusivamente a un designio del Gobierno Vasco, arropado por otra parte por el Partido Nacionalista, al menos hasta el relevo de Arzalluz en su dirección, de marcar las diferencias y "establecer distancias" a toda costa. Como es sabido la posición de la Administración Central sufrió un serio varapalo en la sentencia de la L.O.A.P.A. y la política autonómica del actual Gobierno pasa por ser todo menos un dechado de ductilidad e inteligencia.
Lo peor fue que la oposición constante y prolongada entre los gobiernos central y vasco ha acabado afectando a la imagen de la compatibilidad entre el proyecto nacionalista y el sistema político español. Garaikoetxea no pudo ofrecer una imagen de esperanza y fe en la compatibilidad de éstos: más bien transmitía una impresión de desesperanza y frustración continuas. Lo importante no era que existieran dificultades y tensiones, lo grave es que parecía imposible el que en el futuro este panorama pudiera alterarse.
Había en esta actitud una fuente potencial de evidente deslegitimación del sistema institucional con implicaciones políticas gravísimas" (150).
¿Advierte el lector la constante preocupación por el problema de la legitimación del Estado español en Euskadi? Nótese que Solozabal nos dice expresamente que lo importante no son las tensiones concretas. Lo importante es la deslegitimación del sistema institucional español. En el párrafo siguiente va a insistir sobre ello Solozabal. Va a reconocer que también hay parte de culpa en el comportamiento del Estado español. Pero este párrafo es fundamentalmente significativo porque es un explícito reconocimiento por un declarado "españolista" como Solozabal de que la difícil integración simbólica del País Vasco en España trae su causa de la memoria histórica de la represión sufrida por los vascos. He aquí el párrafo:
"Era por esto por lo que los conflictos no se planteaban sólo en la arena política y jurídica sino en el plano de la integración y de los símbolos. Sólo quien no conozca la realidad vasca y en especial la memoria histórica de la represión y el sentimiento –exagerado pero real –de postergación y victimismo puede ignorar a su vez las dificultades de la integración simbólica del país Vasco en España. Es poco todo el cuidado que se ponga en el reconocimiento del pluralismo territorial entre nosotros y no se puede sino reaccionar frontalmente ante la falta de sensibilidad –jurídica, por ejemplo –al respecto que a veces se observa en determinadas instancias del Estado" (151).
Claro que la decisiva culpa es de Garaikoetxea y su Gobierno, según Solozabal. Más específicamente, la culpa decisiva consiste en que el Estatuto no ha sido eficazmente aplicado por Garaikoetxea y su Gobierno para conseguir la finalidad que los españoles le atribuían: lograr la legitimación del Estado español en Euskadi. Solozabal es muy claro al respecto. El párrafo que sigue al que acabamos de transcribir es el siguiente:
"Pero dicho esto hay que señalar que la dimensión constitucional de la autonomía vasca y la inserción estatal de las instituciones vascas no fueron potenciadas en absoluto.
Episodios como la toma de posesión del lehendakari previa a su nombramiento real, determinadas cicaterías en el uso de la bandera nacional, la inejecución de alguna sentencia del Tribunal Constitucional, o alguna declaración sobre la improcedencia de lo que en definitiva no implicaba, sino el cumplimiento del ordenamiento jurídico, no debieron producirse nunca" (152)
Nos parece que hemos aportado pruebas suficientes de que el júbilo de los españoles por el cese de Garaikoetxea se debe a que su empecinamiento en exigir que se cumpla el pacto político que él hizo con Suarez y que fue el motivo de que el PNV apostara por el Estatuto se considera –a la altura de 1984-1985 insoportable. El Estado español lo que exige ahora es que el Estatuto sirva como eficaz herramienta para legitimarle a él en Euskadi. Y exige para ello gestos y concesiones y comportamientos que Garaikoetxea se ha sentido incapaz de hacer. El Estado español ha encontrado a otros en el PNV que sí están dispuestos a darle lo que exige. Y que firman, para ello, un Pacto. La forma en que los españoles acogen esos nuevos gestos y este Pacto es prueba de que las consideraciones anteriores son ciertas. Vamos a verlo en el próximo apartado.
NOTAS AL SUBCAPITULO 7. 6º
(145) Santiago Gonzalez: "Pacto histórico en el país Vasco. Los más nacionalistas negocian mejor", en CAMBIO 16 n º 687, 28 de enero de 1985, páginas 36 y 37.
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(146) Fernando Onega: "De la Corona al laberinto vasco", en TIMEPO n º 143, 4 de febrero de 1985, páginas 14 a 16.
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(147) Patxo Unzueta: "Moderados e inmoderados en la política nacionalista vasca", en CUADERNOS DE ALZATE n º 3, 1986/1 página 75.
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(148) Juan José Solozabal: "Acotaciones ingenuas a una crisis política2, en CUADERNOS DE ALZATE n º 1, Invierno 1984-1985, pp. 67-70.
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(149) Juan José Solozabal: "Por una alternativa cultural y política", en LEVIATAN (II EPOCA) n º extraordinario febrero 1984, página 85.
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(150) Juan José Solozabal: "Acotacines…, op. cit. página 68.
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